domingo, 24 de abril de 2011

Manifiesto Complicacionista

A manera de tributo a lo que dió origen a este blog y como una declaración abierta de las intenciones que persigo con los textos que aquí se publicarán, les presento la primera columna de toda mi historia dentro de la carrera de Comunicación y Periodismo en la UNAM (la cual curso actualmente en la aulas de FES Aragón), y que fue desarrollada como tarea para la asignatura de Géneros de opinión, con la profesora Claudia Fernández.

Cabe aclarar que, dada la perspectiva que me ha dado el tiempo desde la fecha de su creación, he caido en la cuenta de algunas imprecisiones que consideré adecuado corregir, para mayor legibilidad del texto. No obstante, permanecen el tono, la esencia y los postulados originales, a los que mi visión autocrítica me impidió alterar por lo que, para cualquier frase de aliento, de sugerencia o de escarnio público, queda a su entera disposición el tablero de comentarios. Sólo pido algo a cambio: ¡sean misericordiosos! :)



Viernes 10 de septiembre de 2010

Cero Complicaciones
Por: Jorge Arturo Castellanos

¿Por qué se complican las cosas? ¿Qué es lo que hace que, de cuando en cuando, el panorama se vislumbre oscuro y no se perciba siquiera el rayo de sol en el horizonte diurno? ¿Cómo es el tránsito desde la certidumbre de situación hacia la total desesperanza? ¿En qué momento se decide que todo está perdido y que es menester abandonar el barco? ¿Cuáles son los factores que alientan la desazón y el desasosiego? Dicho de otra manera, ¿por qué se complica la vida?

Hay los que dirán que no es fácil vivirla. Adaptarse al entorno, aprender a moverse y procurarse los elementos para la supervivencia toma su tiempo. Algunos hablarán de lo problemático que resulta habituarse a la presencia de los otros, cada uno con complicaciones, deseos y anhelos propios, impulsando su accionar. Por su parte, unos opinarán que las vueltas del destino, las eventualidades y circunstancias ajenas en ocasiones actúan en nuestro beneficio, pero frecuentemente nos pueden llevar del indeseable "Guatemala" al temido "Guatepeor" (con todo respeto para los hermanos chapines).

No obstante todo ello, pienso que el germen que abona a embrollos, enredos y dificultades y al que generalmente le achacamos el adjetivo ‘complicado’ (o bien su sinónimo ‘complejo’) está en nosotros mismos y es un talante del que no deseamos hacernos responsables porque se vuelve engorroso, confuso y descorazonador; es nuestra actitud ante la vida la que finalmente determina que persistan las tinieblas o que alcancemos la ansiada luz al final del túnel.

Cabría entonces preguntarse cuál sería la solución a este dilema. No se trata aquí de pregonar una visión simplista de pensar o actuar positivo, propia de conocido grupo de autoayuda (que más bien lo que parece es secta religiosa estilo “Pare de Sufrir”) o de gancho publicitario (o de canción noventera, que para el caso son lo mismo... ¿o qué, acaso sólo yo me acuerdo de la espantosa tonadita a ritmo dance del inefable Jovanotti, que decía algo así como: io penso positivo, perche' son vivo, perche' mi ombligo?).

En el otro extremo, tampoco es conveniente ver siempre el vaso medio vacío. A últimas fechas se ha discutido en los medios de comunicación en México, con un estruendo de voces que raya en el hartazgo, el complicado panorama de nuestro país en el porvenir más inmediato: que si cuando regrese el PRI se va a acabar la absurda guerra contra el narco, que si los fastuosos e insípidos festejos del bicentenario quieren tapar la crisis con un dedo, que si los "ninis" y los "nonos" (los que no leen y no se informan, mucho más preocupantes que los inocuos ninis y que bien cabría extender su sobrenombre a "nononis", dado que ni les importa), que si las lluvias y desastres, el caos vial, la inseguridad y la violencia crecientes... en fin, un largo etcétera de situaciones que el enfoque político cortoplacista del tipo perdida-ganancia ha elevado a batalla perdida a priori en la arena democrática, dado el marcador adverso de “diferencias insondables” (escusa que, junto con la desabrida arenga a “echarle ganas, su equivalente en el ámbito empresarial, funciona a los poderosos para no perder privilegios). Chistes e ironías aparte, si vamos a participar de un diálogo constructivo, debemos tratar de ver más allá.

En entrevista publicada en el sitio web filosofía.mx (con fecha del 16 de junio de 2008), Andrés Ortiz-Osés, catedrático español de la universidad de Deusto, en Bilbao, dedicado durante años a la observación del mundo tras la mirada de la filosofía hermenéutica que, como en lente gran angular, busca abarcar y reconocer la diversidad de sentidos en un tejido de interpretaciones coligadas (co-implicadas) en el lenguaje, propone una visión de la realidad que «consta de lo bueno y lo malo». Agrega además que «…los ingenuos y los idealistas, los que van de positivos, creen que sólo hay cosas buenas. En el otro lado, la gente más materialista sólo ve el mal. Lo que desconcierta es que queremos coger el bien olvidándonos del mal. Pero todos somos buenos y malos al mismo tiempo. Todos los intentos de extirpar el mal han terminado en catástrofes: Hitler quiso eliminar los elementos negativos de una sociedad terminando con quienes decía que eran de raza inferior; Stalin quiso hacer una sociedad sin explotadores ni explotados… y ya sabemos lo que sucedió en ambos casos. La sociedad ideal nos conduce siempre a un totalitarismo. Y no olvidemos que el mal radical, que es la muerte, acaba siempre matándonos».

Así, lo que ésta columna propone, en consonancia con el ejercicio de un periodismo ético y de compromiso con la acción para el cambio, es que abracemos esa complejidad, que nos reconozcamos parte importante de ese entramado que le da sentido al mundo, asumiendo nuestra responsabilidad para que sea la vida plena la que predomine sobre el instinto de muerte, tan arraigado a últimas fechas en esta época de terrorismo (véase la tesis doctoral sobre la Pedagogía de la Esperanza, de Víctor Manuel Mendoza Martínez, Universidad La Salle, 2004, publicada en web). Y principalmente, que no se quede sólo en palabras o iniciativas de "buenas intenciones".

Como colofón quisiera resaltar que el título de ésta columna, que nació como un chiste entre mis camaradas de Comunicación y Periodismo, Beto y Daniel, acerca de mi agobiante vida de "sísí" (que sí trabajo y sí estudio, o al menos eso intento), que en ocasiones dificulta mi asistencia a las clases, se convierte ahora en un compromiso con mis compañeros, mis mentores, la UNAM como institución formativa y mis seres queridos, pero principalmente, con mis lectores y la sociedad de mantener una constancia, una formalidad y una calidad adecuadas, enfocando mis esfuerzos en ser cada día un mejor profesionista. Al fin y al cabo, alguien me dijo una vez que esta no es una carrera de velocidad, sino de resistencia, y amén de las efímeras y caprichosas recompensas de fama, fortuna y comodidad, la meta a largo plazo es ganar la vida.

domingo, 17 de abril de 2011

Palabras más, palabras menos

Words are very unnecessary
they can only do harm
DEPECHE MODE, Enjoy the silence

Dos textos y una remembranza recientemente invadieron mis pensamientos y creo que merece la pena destacarlos aquí. Si no mal recuerdo, cada vez que comenzaba su emisión radiofónica en la 1260 de AM, la ya fallecida sexóloga y conductora Anabel Ochoa se presentaba con algo así como: vayamos hablando las cosas, porque "el silencio nos está matando" (la primera parte es refraseo mío, pero de las últimas palabras estoy tan seguro como que pudiera replicar el acento y la intención particulares con que las pronunciaba, por eso el entrecomillado).

En homenaje a la doctora Ochoa, su constante labor para hacer diálogo sobre temas tabú y en respuesta a recientes acontecimientos, tanto personales como públicos, es que viene la siguiente reflexión, no sin antes señalar el tremendo contraste entre el epígrafe que abre este texto y el aforismo/slogan de la comunicóloga, ya que resaltan la gran disyuntiva ontológica entre usar o no usar las palabras, romper o no el silencio.

En el primer caso, el autor Daniel Pennac en su obra Como una novela (Anagrama, onceava edición, 2006), explica como cuando se es niño, a pesar de no haber aprendido aun a leer, los libros son nuestro primer contacto con otros ambientes, culturas y formas de ver la vida, por medio de las fábulas y cuentos que los padres tradicionalmente suelen contar a sus hijos al llevarlos a dormir. No obstante, con las exigencias de la edad llega el momento en que las preocupaciones domésticas alejan a los niños de las historias, justo al momento en que la escuela hace su aparición. Es entonces cuando accedemos al mundo por cuenta propia al adquirir el poder de la palabra escrita. Aquí un fragmento de como Pennac narra dicho descubrimiento:

Y de repente:
-¡mamá!
Este grito de alegría celebra la culminación del más gigantesco viaje intelectual imaginable, una especie de primer paso en la luna, ¡el paso de la arbitrariedad gráfica más total a la significación más cargada de emoción! ¡Está escrito ahí, delante de sus ojos, pero es algo que sale de él! No es una combinación de sílabas, no es una palabra, no es un concepto, no es una mamá, es su mamá, una transmutación mágica, infinitamente más expresiva que la más fiel de las fotografías, sólo con redondelitos, sin embargo, con puentecitos (i.e., bolitas y palitos)..., pero que, de repente -¡y para siempre!- ha dejado de ser eso, de no ser nada, para convertirse en esa presencia, esa voz, ese perfume, esa mano, ese regazo, esa infinidad de detalles, ese todo, tan intimamente absoluto, y tan absolutamente ajeno a lo que está trazado ahí, en los raíles de la página, entre las cuatro paredes de la clase...
La piedra filosofal.
Ni más ni menos.

Agarrando el lápiz y garabateando nuestras primeras sílabas es como vamos aprehendiendo el mundo.

¿Y qué pasa en el otro extremo, cuando el sentido se nos escapa de las manos? ¿Qué hacer cuando la pérdida más grande, la herida más profunda, el dolor más agudo nos dejan mudos, sin palabras? De la manera más respetuosa posible, reproduzco a continuación un fragmento de la carta abierta dada a conocer por Javier Sicilia (Publicada en Proceso, N° 1976), dados los recientes hechos que han desatado una espiral de violencia en México que ha provocado miles de muertes, y que condujeron al asesinato de su hijo, Juan Francisco, tres de los amigos de éste y otras tres personas más:

No quiero tampoco hablar del dolor de mi familia y de la familia de cada uno de los muchachos destruidos. Para ese dolor no hay palabras –sólo la poesía puede acercarse un poco a él, y ustedes no saben de poesía–. Lo que hoy quiero decirles desde esas vidas mutiladas, desde ese dolor que carece de nombre porque es fruto de lo que no pertenece a la naturaleza –la muerte de un hijo es siempre antinatural y por ello carece de nombre: entonces no se es huérfano ni viudo, se es simple y dolorosamente nada–, desde esas vidas mutiladas, repito, desde ese sufrimiento, desde la indignación que esas muertes han provocado, es simplemente que estamos hasta la madre.

Es a través de las valientes palabras de un poeta (imagino lo que debió haber sido estar frente al procesador de texto, sílabas de dolor desgarrando la página en blanco, descargando su enorme impotencia contra el teclado) que se ha gestado un movimiento, avivando una fuerte indignación y un reclamo ciudadano hondos y auténticos, que ha derivado en la convergencia de voces, escritos y expresiones para exigir que cambie la situación y ponerle un hasta aquí a la negligencia de políticos y autoridades que, como el mismo Sicilia observa, "sólo tienen imaginación para la violencia", y así dejar de asistir al sinsentido de personas tratando de silenciar a otras, no solo acallando su voz, sino acabando con su existencia mediante ejecuciones y venganzas, odios e intolerancias.

Entre esos dos extremos se encuentra hoy atrapado mi ser, afanándose de palabras para definir lo que siente, y sin embargo, tan desamparado y falto de vocablos que expresen a cabalidad la desazón e incertidumbre que le han provocado un abismo de silencio, tan infranqueable como fortaleza amurallada y a la vez tan a tiro de piedra, como el cristal que rompí de niño, jugando a la pelota.

martes, 12 de abril de 2011

Zona cero

A Montse
y a mis maestros, que trastocan mis esquemas sin piedad.

"Everything is clear in my life"... canta Lennon en el fondo y yo quisiera sentirme igual de seguro.

La verdad es que nada está escrito en piedra en el libro de mi vida, y el vertigo de las alturas treintañeras ya me marea y me hace tambalear... y sin embargo, se mueve (Galileo dixit).

"Si miro un poco afuera me detengo: la ciudad se derrumba y yo cantando", me sigue pareciendo tan verdadero como cuando lo escuché de voz de Silvio por primera vez. El mundo me llama insistentemente a salir de mi burbuja, mientras mis miedos y angustias me hacen vacilar de ir a su encuentro. Sé que si no voy, me quedaré como un proyecto fallido, pero mi corazón tambien sabe que esto no es completamente cierto...

Seré la nada, no importando lo que haga, y a ella me uniré sin remedio. Para la imensidad del universo no representaré algo más que una voluta de aire que no llegó a torbellino, una pompa de jabón que se reventó sola o un suspiro reprimido. Pero, a fin de cuentas, aquí estoy. ¿Existo? No lo sé.

Vayan estas líneas a aquellos que, perdidos en la búsqueda interminable de sentido y concentrados en sus afanes personales, como tantos otros antes que yo, han hecho una pausa para volver la mirada desde el indiferente paisaje de lo mundano hacia una parcela de suelo cualquiera, donde la piedra gris, la hormiga tenaz y la hoja seca conforman uno de esos minúsculos retratos donde se conjugan lo ordinario e imposible que es el vivir, por un instante, en esta Tierra.

Jorge.