domingo, 17 de abril de 2011

Palabras más, palabras menos

Words are very unnecessary
they can only do harm
DEPECHE MODE, Enjoy the silence

Dos textos y una remembranza recientemente invadieron mis pensamientos y creo que merece la pena destacarlos aquí. Si no mal recuerdo, cada vez que comenzaba su emisión radiofónica en la 1260 de AM, la ya fallecida sexóloga y conductora Anabel Ochoa se presentaba con algo así como: vayamos hablando las cosas, porque "el silencio nos está matando" (la primera parte es refraseo mío, pero de las últimas palabras estoy tan seguro como que pudiera replicar el acento y la intención particulares con que las pronunciaba, por eso el entrecomillado).

En homenaje a la doctora Ochoa, su constante labor para hacer diálogo sobre temas tabú y en respuesta a recientes acontecimientos, tanto personales como públicos, es que viene la siguiente reflexión, no sin antes señalar el tremendo contraste entre el epígrafe que abre este texto y el aforismo/slogan de la comunicóloga, ya que resaltan la gran disyuntiva ontológica entre usar o no usar las palabras, romper o no el silencio.

En el primer caso, el autor Daniel Pennac en su obra Como una novela (Anagrama, onceava edición, 2006), explica como cuando se es niño, a pesar de no haber aprendido aun a leer, los libros son nuestro primer contacto con otros ambientes, culturas y formas de ver la vida, por medio de las fábulas y cuentos que los padres tradicionalmente suelen contar a sus hijos al llevarlos a dormir. No obstante, con las exigencias de la edad llega el momento en que las preocupaciones domésticas alejan a los niños de las historias, justo al momento en que la escuela hace su aparición. Es entonces cuando accedemos al mundo por cuenta propia al adquirir el poder de la palabra escrita. Aquí un fragmento de como Pennac narra dicho descubrimiento:

Y de repente:
-¡mamá!
Este grito de alegría celebra la culminación del más gigantesco viaje intelectual imaginable, una especie de primer paso en la luna, ¡el paso de la arbitrariedad gráfica más total a la significación más cargada de emoción! ¡Está escrito ahí, delante de sus ojos, pero es algo que sale de él! No es una combinación de sílabas, no es una palabra, no es un concepto, no es una mamá, es su mamá, una transmutación mágica, infinitamente más expresiva que la más fiel de las fotografías, sólo con redondelitos, sin embargo, con puentecitos (i.e., bolitas y palitos)..., pero que, de repente -¡y para siempre!- ha dejado de ser eso, de no ser nada, para convertirse en esa presencia, esa voz, ese perfume, esa mano, ese regazo, esa infinidad de detalles, ese todo, tan intimamente absoluto, y tan absolutamente ajeno a lo que está trazado ahí, en los raíles de la página, entre las cuatro paredes de la clase...
La piedra filosofal.
Ni más ni menos.

Agarrando el lápiz y garabateando nuestras primeras sílabas es como vamos aprehendiendo el mundo.

¿Y qué pasa en el otro extremo, cuando el sentido se nos escapa de las manos? ¿Qué hacer cuando la pérdida más grande, la herida más profunda, el dolor más agudo nos dejan mudos, sin palabras? De la manera más respetuosa posible, reproduzco a continuación un fragmento de la carta abierta dada a conocer por Javier Sicilia (Publicada en Proceso, N° 1976), dados los recientes hechos que han desatado una espiral de violencia en México que ha provocado miles de muertes, y que condujeron al asesinato de su hijo, Juan Francisco, tres de los amigos de éste y otras tres personas más:

No quiero tampoco hablar del dolor de mi familia y de la familia de cada uno de los muchachos destruidos. Para ese dolor no hay palabras –sólo la poesía puede acercarse un poco a él, y ustedes no saben de poesía–. Lo que hoy quiero decirles desde esas vidas mutiladas, desde ese dolor que carece de nombre porque es fruto de lo que no pertenece a la naturaleza –la muerte de un hijo es siempre antinatural y por ello carece de nombre: entonces no se es huérfano ni viudo, se es simple y dolorosamente nada–, desde esas vidas mutiladas, repito, desde ese sufrimiento, desde la indignación que esas muertes han provocado, es simplemente que estamos hasta la madre.

Es a través de las valientes palabras de un poeta (imagino lo que debió haber sido estar frente al procesador de texto, sílabas de dolor desgarrando la página en blanco, descargando su enorme impotencia contra el teclado) que se ha gestado un movimiento, avivando una fuerte indignación y un reclamo ciudadano hondos y auténticos, que ha derivado en la convergencia de voces, escritos y expresiones para exigir que cambie la situación y ponerle un hasta aquí a la negligencia de políticos y autoridades que, como el mismo Sicilia observa, "sólo tienen imaginación para la violencia", y así dejar de asistir al sinsentido de personas tratando de silenciar a otras, no solo acallando su voz, sino acabando con su existencia mediante ejecuciones y venganzas, odios e intolerancias.

Entre esos dos extremos se encuentra hoy atrapado mi ser, afanándose de palabras para definir lo que siente, y sin embargo, tan desamparado y falto de vocablos que expresen a cabalidad la desazón e incertidumbre que le han provocado un abismo de silencio, tan infranqueable como fortaleza amurallada y a la vez tan a tiro de piedra, como el cristal que rompí de niño, jugando a la pelota.

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