Nuestra última navidad
Era casi de tarde cuando escuché los lejanos gritos de mi hermana: “¡Ya levántate!”. No hice caso y me volví a tapar con las cobijas. En ese momento, el toque familiar y la voz apacible aparecieron mágicamente: “Augusto, si no te apuras, se van a acabar las gelatinas de grosella, ¡eh!”: ese día, como todas las mañanas, el abuelo me traía de vuelta del sueño.
Domingo a domingo, a mí me gustaba sentarme con el viejo en alguna banca del parque. No importaban los esfuerzos de mis primos por invitarme a jugar, ni los reclamos de “barbero” por querer congraciarme con él: en sus rodillas y con sus brazos rodeando los míos, eso era lo más parecido a la felicidad. Qué podía decir: era su consentido.
Navidad estaba cerca. En el auto, rumbo a la casa familiar, yo siempre iba a su lado: era como un rito ir cantando con él las melodías de Roberto Carlos, su artista favorito. Una vez reunidos todos, las tardes eran de tertulia para los adultos y de juegos en el campo para los niños: pero yo nunca me separaba del abuelo, aún sin entender de lo que hablaban.
En Noche Buena, la cena fue inolvidable: ponche de la abuela para beber; bacalao, pierna y lomo de guisados; ensalada de zanahoria –de manzana para los peques–. Y al final, la piñata... dulces las palabras del viejo que desbordan mi memoria: "esta ha sido, sin duda, la mejor Navidad de mi vida". Todavía lo extraño.
Válvulas que regulan el fluir del oxígeno al cerebro y el tránsito de la sangre por el corazón. Aneurismas y cardiopatías, abstenerse.
domingo, 28 de agosto de 2011
Reescribiendo historias
Esta breve entrada es resultado de mi más reciente asignación para el Taller de Prensa II: redactar de memoria, a mi estilo y con sólo 250 palabras, la historia de uno de mis compañeros acerca de un suceso que haya marcado su existencia. Reto interesante, en mi caso, trabajar con el relato del buen Augusto Atempa... espero haberle hecho justicia :D
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me gusta mucho tu estilo querido hermano ^^ sigue así!!!!!!
ResponderEliminarme dio nostalgia u.u